Tuesday, March 29, 2011

La ola


Este curioso título obedece a la película de Denis Gansel, que tiene como actor a Jorgen Vogel, Jennifer Ulrich y Frederick Lau. En ella, un entusiasta profesor de colegio, intenta motivar a sus alumnos para que comprendan lo que es la Autocracia. Para ello, y a partir de una interrogante que nace en el seno de la clase, los lleva de la mano para formar un grupo. La interrogante, aparentemente resuelta, cobra vigencia en las respuestas de varios de los estudiantes. La premisa de varios de ellos es, Alemania no volverá a vivir nada que se le parezca al nazismo.
Evidentemente la seguridad con la que los estudiantes hacen estas afirmaciones son preocupantes para el profesor. Bien dicen que demasiadas certezas son un problema en la Educación.
Así, el proyecto de una semana, convierte a los animados colegiales en La ola, un grupo que usa camisas blancas, que tiene un logo, que tiene cuenta en my space, y que poco a poco empieza a funcionar como cualquier otro grupo.
Y como cualquier grupo, se intenta pertenecer a él, para ello hay que hacer lo que otros dicen, vestirse de una misma manera, y estar de acuerdo con las decisiones que toman ciertas personas que se avocan la autoridad solo para ellos.
El proyecto de la ola es interesante y anima no solo a los alumnos de Herr Werner, como ahora indica el maestro que deben llamarlo. En tres días, la clase, está repleta. Los colegas del profesor hablan de él. En algún momento de tensión un diálogo entre la novia del profesor, también maestra y él, deja vislumbrar otros ejes de lo que terminará en tragedia. Herr Werner ha estudiado en la universidad pública, a diferencia de muchos de sus colegas.
Las iniciativas subjetivas de algunos de sus estudiantes llevan el proyecto al desastre. Vandalismo en edificios públicos muestran un grafiti de Ola, algunos miembros empiezan a disentir y toda la comunidad de La ola se vuelca hacia ellos. En los grupos es bastante complicado el disenso. Otros estudiantes empiezan a seleccionar a los miembros. No todos pueden pertenecer a La ola. Es lógico, una vez que el poder se siente difícilmente se deja de caer en situaciones de abuso de él.
El resultado aparentemente es que la Ola deja las aulas para convertirse en un grupo absolutamente real, represivo, que acoge a miembros de la comunidad de la escuela, que, en algunos casos, necesitan este motor y esta fuerza que aparentemente entregan las acciones grupales.
Al final, porque la película debe cerrarse en algún momento, la tragedia invade las imágenes, que durante toda la cinta han estado acompañadas por una banda sonora espectacular. El experimento debe terminar, como todo en la vida, solo que aunque siempre haya voces que digan que nunca es demasiado tarde, para algunas cosas sí lo es.
Finalmente toda la responsabilidad de los hechos recae en el maestro que en una última escena lleva a sus estudiantes a un momento catártico y colectivo, además, o podría ser la famosa pero no muy conocida anagnórisis aristotélica del reconocimiento. Quien los impulsa a crear La ola, les revela en menos de cinco minutos que han sido expresamente manipulados, que el proyecto debe concluir hasta que se escucha un disparo.
Die Welle es una película bien lograda, las actuaciones de los jóvenes son estupendas en el sentido de la credibilidad, por supuesto, porque el guión permite este desarrollo actoral. Evidentemente la premisa que parte de la interrogante inicial tendrá nuevas respuestas, solo que a un costo altísimo.
Después de la Ola, me alegra retirerarme en la idea de que hay que huir de los grupos, no importa cuáles sean sus fines, pero también, y una vez más, me pregunto por el papel del maestro o mediador, y las justas medidas.

Friday, March 11, 2011

La deuda con los paraísos perdidos

Mientras tocaba la mano fría de mi abuela agonizante pude ver como en una película todas las escenas que se han quedado grabadas en mi corazón. Ahora estoy segura de que no fue en la memoria sino en el corazón.
Mi abuela y los batidos de frutilla con canela, mi abuela gritándonos a mi hermano y a mi que ya salgamos de la piscina, mi abuela persiguiéndonos para que no nos lancemos otra vez en la piscina grande del Tenis, el sitio prohibido al que nos escapábamos a manera de juego. Ella haciéndonos nadar, ella llegando en el bus de la trece hasta la casa de Urdesa Norte. Yo mirando por la ventana, esperando a que llegara. Siempre esperando sus historias como cuando en lugar de sal le puso detergente a la sopa y salió tanta espuma y bombas de jabón que la cocina se convirtió, por unos minutos en una inmensa imagen de fantasía.
Los baños en las roquitas del Miramar. Los pocitos que se formaban y a donde ella nos llevaba a mi y a mi hermano y en donde literalmente podíamos quedarnos horas. Recuerdo que perdíamos la noción del tiempo. Recuerdo también cuando ya no podía llevarnos a ese lugar porque ya no nos interesaba más, y recuerdo también cuando ya ella había envejecido y tampoco lo proponía.
Nunca nunca pelee con mi abuela. Nunca nadie peleó con ella. Y lo dice una peleona en potencia.
Cuando tomé su mano fría ya un poco amoratada le pedí disculpas por no haber ido más, por no haberla cuidado como hubiera querido, y le agradecí por la felicidad inmensa de que hubiera sido mi abuela, una abuela también de aguas profundas. Le agradecí porque mi infancia se enriqueció con su cariño y con su amor, por sus historias de abuelos italianos, y una ausencia de padre que seguramente a ella, la hizo ser más cuidadosa con el amor que a otras personas.
Por esas cosas raras de la vida, durante pocos segundos, me di cuenta de que mi otra abuela estaba sentada esperándola. A veces ellas discutieron, pero se querían mucho también. Juraría que cuando le toqué la mano, juraría que supo que era yo. María Paulinilla, así me decía siempre, y se me hace intolerable no esuchar nunca más su voz ni sus historias, ni sus cuentos sobre visitas a velorios equivocados, sus locuras. Porque era loquísima.
Y aunque el tiempo pasa siento que sigo en deuda con ella. La deuda no es cuantificable, la deuda es una sensación, una certeza de que jamás podré saldarla. Y sé que es una deuda que ella jamás pediría que salde, pero aún así, tal vez, solo tal vez, en algún momento sienta que estará totalmente pagada. Seguramente no será en este tiempo.

Sunday, December 05, 2010

El otro camino el miércoles en La casa morada


El otro camino (59 minutos) Gabriel Szollosy. Uruguay. Miércoles 20h00. La casa morada. Calle Primera 500 y Las Monjas. Entrada gratuita. Interesados enviar un mail a paulina.casamorada@gmail.com


Trabajo por encargo que resulta en el retrato del bandoneonista
Rodolfo Mederos, fundador del Octeto Guardia Nueva, biólogo,
carpintero, que alentado por Astor Piazzola se muda a Buenos Aires
para ser un músico a tiempo completo. En 2007 se estrena para la
televisión, ha sido programado en Film and Arts y llegó a Cuenca para
el Festival Internacional de Cine. Su director además está haciendo tomas de la ciudad de Cuenca para un nuevo trabajo sobre una familia Saraguro.


El antiguo centro de reclusión para señoritas en donde funciona la
Casa de la Provincia del Azuay está vació a las cinco de la tarde del
sábado; en la puerta, cámara en mano, está el fotógrafo Ricardo
Bohórquez de Guayaquil y un hombre que dice: “¡Qué bien que vengan a
ver mi peli..!”. Yo llego para otra cosa, pero me dejo llevar por su
entusiasmo. La sala en penumbras es parte del escenario de esta casa
de patio interior, a medio camino de la total destrucción y el rescate: hay arcos enormes, una fuente vacía, huecos en los techos, y es aquí donde se proyectó la película.


Era Gabriel Szollosy, el director de El otro camino, el que estaba en
la puerta, y con 5 personas empieza a rodar la cinta. Rodolfo Mederos
en el centro con su bandoneón brillante que expande y contrae a veces
con los ojos cerrados, otras, con la mirada fija en algo que no vemos,
como si estuviera en un lugar alejado, absolutamente solo y feliz. Su
cabello plateado en movimiento y el público hipnotizado por los
sonidos que produce el aire, que como dice él, es el alma de este
instrumento tanguero, son los elementos de una imagen que se reitera.

Está en el Torquato Tasso -uno de los espacios más tradicionales de la
movida joven del tango argentino- con su banda y tiene una
personalidad intensa. Al menos, así quiere que lo veamos Szollosy que
selecciona frases que podremos repetir una y otra vez después de ver
este trabajo.

Imágenes y sonido imbricados que se hacen uno solo a ratos, que
dialogan entre sí, que desnudan el camino de los que eligen lo que
quieren, de los que ven en el ensayo una innovación, una manera de
hacer una vida dedicada a una pasión que no tiene límites y que, en el
caso de Mederos, lo acerca más a una especie de sabio de la vida que
descubrió su camino a través de su relación con el bandoneón.


El otro camino narra una vida dedicada a la música, también el sentido
de las elecciones que se hacen y de aquellas en las que no elegimos.
Mederos dice que el bandoneón lo escogió a él, que los materiales
naturales conque está hecho le producen regocijo: madera, cuero,
metal, cola, nácar, todos ellos provenientes de la naturaleza.


El telón de fondo es Buenos Aires, una ciudad, un puerto, cuna del
tango, que para unos es una música triste… “Como no”, dice Mederos si
los que lo hicieron llegaron abandonando a sus familias, emigrantes
europeos la mayoría, y además, ¿hay algún lugar en dónde no resida la
tristeza?


Siempre hay otro camino; el camino propio, vemos las imágenes de las
vías del tren, a Mederos tocando, a Mederos ensayando, a la gente
bailando en las zonas for export de Buenos Aires, cosa que cuestiona
el bandoneonista. La música de fondo va contando también: La yumba de
Osvaldo Pugliese, Abran cancha del propio Mederos, la voz de Ariel Ardit.

Definitivamente hay un tango para cada cosa, como dice el protagonista, y en su caso, su elección es hacer lo que mejor sabe hacer, tocar bandoneón para mirar a su hijo a los ojos.

Gabriel Szollosy está eufórico, ya no somos cinco viendo su película; después de los aplausos, casi en la puerta, muy emocionado nos cuenta que es la primera vez que lo invitan a un festival, que adora su película, que en el fondo Mederos dice lo que él quiere decir, que
todo estaba guionizado desde antes, que adora su creación.



Friday, December 03, 2010

Se puede morir de muchas cosas

Sí. Se puede morir de muchas cosas feas, dolorosas; se puede también tener una muerte soñada y nunca despertar. Se puede tener miedo a morir y no morirse, una sensación por demás angustiante. Se puede morir como la presidenta de Tourvel en Las relaciones peligrosas. Se puede delirar por la espera de la muerte como plantea Barthes en Fragmentos de un discurso amoroso. Y se puede creer que se muere.
Escojo la muerte como en Las relaciones peligrosas. Aún no sé si escojo o finalmente me resigno a que mis muertes sean casi siempre de ese tipo: escasas, y por motivos imaginarios.

Las relaciones peligrosas es una novela epistolar de Choderlos de Laclos, que no es muy leida, pero que, sin embargo, fue la fuente para la inspiración de varios directores de cine, entre ellos, Roger Vadim, Milos Forman y la más popular y reconocida versión de Stephen Frears de 1988, con un elenco sobresaliente: John Malkovich, Glen Close, Michelle Pfeiffer, Uma Thurman...

Curiosamente la traducción al cine de Las amistades peligrosas devino en Las relaciones peligrosas. De la traducción ya no hablaré porque sería necesario otro post, pero sí de las relaciones entre El vizconde Valmont y la marquesa de Merteuil.

Son estos dos una pareja que todo el tiempo maquina la caída de los otros. Los otros, en realidad solo se refieren, primordialmente, a la presidenta de Tourvel que aparentemente es una mujer íntegra y que como tal, constituye una pieza totalmente deseable para la colección de esta pareja, que podría llamarse, Bonnie y Clyde, el dúo dinámico, etc, etc, etc.


La virtud, representada por Tourvel, que es necesario aprehender, algo que va más allá del deseo de tener a una mujer más, se convierte en una motivación poderosa solo que nadie calcula, incluido Valmont, cómo ni de qué manera opera el amor, o el verdader deseo, o el apasionamiento.

Lo que parecía un juego se transforma, como todo, pero nadie repara en que las consecuencias serán fatales. Mortales diría yo. Ahí yace la presidenta de Tourvel acostada en una cama, muriendo de tristeza -hecho totalmente incomprensible para la mayoría- no por amor, sino por haber sucumbido ante la pasíón del vizconde Valmont, que se ha esforzado por mostrarle que no puede amarla.
Sin embargo, Valmont, la ama, y a pesar de esto no puede dejar de ser lo que es: un apostador, un jugador que solamente acepta su estado "enamorado" cuando está agonizando. Las hermosas imágenes del duelo al amanecer contrastan con las escenas amorosas más intensas de su historia con la presidenta de Tourvel. Las palabras poéticas de la novela pasan a la boca de Valmont en la película de Frears de una manera tan poderosa como los gestos y los detalles de esta cinta. "Está más allá de mi control", es lo que repite una y otra vez Valmont a Tourvel. "Está más allá de mi control".
Al menos, el mensajero de Valmont llega a tiempo para decirle a la mujer, que sí, que Valmont la ama. Pero ya es tarde. Para estas cosas y en estos casos siempre es tarde. Tanto tiempo desperdiciado de estos dos amantes...
La presidenta de Tourvel ya no resiste más, lo que parecería a nuestros ojos como una ridiculez, una manera obscena de amar. La consecuencia clara de ese amor, clara y palpable es la muerte. La muerte que podría traducirse como delirio, sin sentido, cese del sufrimiento amoroso.
Y solo la muerte real o simbólica puede detener el sufrimiento. Entonces, no hay mayor suicidio que entrar en una historia, cualquiera que esta fuere, porque el final implica la destrucción de lo poco que queda bienintencionado en un ser humano y según su recorrido e historia propia.
Hay una carga de responsabilidad grande al acercarse a otro ser humano, hay un agudo cuidado que implica preveer las consecuencias para el otro, porque el amor aunque parte del individuo embarga a dos, ya sea que el sujeto que ama sea correspondido o no.
Pero seguimos. Avanzamos. No importa nada más que el deseo. Seguro no es agradable mirar atrás, por eso pasamos las páginas de la novea, no volvemos a ver la película en mucho tiempo, pero cuando lo hacemos inmediatamente, afloran esas emociones que no se han ido, que están aguardantes, que tarde o tempranos nos enfrentarán con una misma.
Sí, definitivamente se puede morir de muchas cosas. Tal vez lo único que nos queda es escoger la muerte que queremos y prepararnos para lo único que no podemos prepararnos o tal vez para aquello que finalmente no tiene sentido.

Sunday, November 14, 2010

Cine polaco

Llegue tarde al cine polaco y con pena. La cuestión, de todas maneras, es haber llegado, al menos a Mal menor, La pequeña Moscú, y hoy, a las tres: Todo lo que quiero, Rosita y??? Creo que romperé el record de cine continuo en el que justamente estábamos meditando el viernes por la noche luego de ver La vida secreta de las palabras y cuando Space, Muñeca rubia con botas, y Muñeca brava se quejaron porque los boté de mi casa...Y en realidad no los boto, pero el sábado es un día complicado, así que la última alusión que hicimos, al cine, fue que no sabíamos cómo resistíamos tanto tiempo en esas jornadas largas de dos películas. La única conclusión es que no nos quejábamos, ¿y si volviéramos al cine continuo?
Mal menor fue una película prescindible, pero rescato una sencillez narrativa para contar una historia. Creo que después de mis últimas experiencias con el cine ecuatoriano con Rabia y Prometeo, esta película de Janusz Morgenstern me reconcilia con esa estética limpia en donde hay una historia bien contada, que no debe ser necesariamente brillante, pero que merece contarse porque, en el caso de la película, retoma un tiempo problemático en Polonia, recrea una variante más del escritor joven que busca fama, y tiene atisbos sorpresivos como la redención del personaje, que se ha convertido en un impostor, plagiador, y que demuestra, superficialmente, una angustia vivida en un territorio y tiempo determinados.
Y esto que acabo de decir me lleva a reparar en que dije; una historia que merece ser contada. Bueno, tal vez, todo merezca ser contado desde el punto de vista creador, pero desde mi punto de vista como espectadora, hay cosas que merecen no existir. Es una suerte de voluntad destructora que llevamos todos por dentro, o algunas personas debería aclarar, que no encontramos muchos sentidos en ciertas cosas.

Ayer en cambio decidí cambiar literatura por cine y estoy complacida. Sobre todo por salir de la rutina, por la buena compañía, por retomar el gusto por la sala oscura y la pantalla grande y animarme a ver La pequeña Moscú. Cuando llegué a la sala del Maac una mujer estaba cantando en ruso, supongo o tal vez en polaco. Tiene esta actriz o posiblemente su doble de voz un registro mediano, pero sobre todo una mirada que narró casi a la par de la canción su personalidad.
Finalmente en La pequeña Moscú, que narra la historia de la cantante rusa y de un soldado polaco, hay un trasfondo gris de Polonia, pero la temática amorosa es como un rubí sobre un fondo oscuro que nunca deja de brillar por más gastado que esté, aquí, hasta la última imagen que vemos. Si en esta película los personajes no se dijeran nada, el efecto sería el mismo. Otra película bien contada, y que además, tiene este ingrediente musical que se hace indispensable. Y además, ahora me va pareciendo que estas lenguas -polaco y ruso-, son terriblemente sonoras, o mejor dicho, muy agradables al oído.
Ambientada en 1967, La pequeña moscú recrea la historia de una mujer llamada La esclava del amor. En este caso, Vera,  rusa y casada se enamora de un teniente polaco en Polonia.
Waldemar Krzystek, director de la cinta obtuvo un León de Oro en el  Festival de cine de Gdynia en el 2008. Como he dicho en otras ocasiones, no son los premios, nunca son los premios, y en este caso para mí ha sido un reencantamiento con una actividad que había dejado suspensa por algún tiempo, el cine y además todo lo que implica.
Y algo más, hubo público. Al menos ayer, hubo público Alguien me comentó que le gustaba la sala con poca gente. Y es cierto, pero también, que otras personas puedan disfrutar de estos aciertos de cartelera.

Wednesday, October 20, 2010

Te mataré mañana cuando la luna salga...


He tomado el inicio del poema Proyecto de un beso de Leopoldo María Panero para titular esta entrada que solo tiene como objetivo invitarlos a la lectura que el poeta español hará esta noche en La casa morada, a las 20h00


"Te mataré mañana cuando la luna salga poco antes del alba cuando estes en el lecho perdida en los sueños...tu muerte será como beso o acción de gracia..."

Calle Primera 500 y Las Monjas
Urdesa

Tuesday, October 19, 2010

Inspiración Inteligencia

"La gente, frente al acto de creación, frente a Miguel Ángel o Rembrandt, Beethoven o Bach, Shakespeare o Cervantes, habla de Inspiración. Wilde dijo que la creación es diez por ciento inspiración y noventa por ciento transpiración. O sea: crear supone trabajar y tanto Jericó como yo pensamos que la producción de talentos frutstrados en América Latina es tan grande como la producción de plátanos porque nuestros genios están esperando la inspiración y gastan las posaderas, esperándola en cantinas y cafés. El diez por ciento, sin embargo, está esperando pacientemente al lado del noventa que puede hacerse presente, cómo no, en un bar o un café, aunque es mejor recibido en un cuarto lo más despoblado de gente posible, con pluma, máquina o computadora a la mano, y un esfuerzo concentrado que lo mismo puede darse, por lo demás, en un avión, un hotel o una playa. El texto no admite pre-texto. Intención e inteligencia".
Parece que hay coincidencias entre varios escritores al momento de hablar de una verdadera creación. Hablo de la vocación de la escritura, del don, que finalmente, quienes lo tienen deben colocar sobre un papel o una pantalla. En ese momento ya no importa que el don haya llegado con ellos que les sea connatural. Se trata del método de trabajo, de la rigurosa manera de trabajar en la escritura.
Carlos Fuentes tiene más de ochenta años y sigue siento tan lúcido...Recuerdo alguna vez una conversación sobre la vejez y la pérdida de las facultades, todo esto porque mi interlocutor afirmaba que sí quería llegar a ser viejo, mientras sus facultades se lo permitieran. A las facultades físicas y mentales se refería. Pero lo de Fuentes, lo de Fuentes va más allá de un aceptable envejecimiento. Es un motor de ideas, su creatividad está intacta.
Sigue haciendo que los lectores nos cuestionemos la escritura, su escritura.
La voluntad y la fortuna tiene más de 500 páginas que los esperan si se animan a esta aventura con Carlos Fuentes. A mi me falta el tiempo para las relecturas que son nuevos descubrimientos, un círculo vicioso de esta adicción que es la lectura.

Sunday, October 17, 2010

El último beso

¿Qué se puede decir del final de una historia? ¿Cómo comienza la historia y cómo termina? Dicen que una historia que empieza mal, termina mal. En la literatura puede ser distinto. Si no veamos el arranque de El tiempo entre costuras de María Dueñas, con un inicio que promete y que no termina si no siendo una historia intrascendente. A veces cuando me topo con estos libros, creo que se fantasea un poco con la idea de reescribirlos o no sé si es la obsesión del editor: algo siempre puede quedar mejor cuando pasa por una mano firme, la de él o la de ella. En el caso de la novela de Dueñas, las más de 600 páginas, podrían haber sido 300 bien contadas. Pero como siempre, a propósito de cualquier libro, surgen otros temas, no necesariamente ligados a ellos, pero sí a nuestras vidas.

Salvo la reflexión sobre la vida de las mujeres a principios de los años XX en Guayaquil, durante la última sesión del grupo de lectura.  Finalmente terminamos hablando sobre las abuelas, sobre los secretos de muchas mujeres, sobre vidas inconcebibles a nuestra condición de mujeres contemporáneas, pero que definitivamente, para esas otras mujeres del pasado eran situaciones recurrentes.
Dejo como constancia la posesión de una caja de cartas fechadas entre 1922 y 1924, al parecer años en que duró la relación entre mi bisabuela y un hombre al que mi tío llama El caballero de Industrias. O sea un argentino aventurero que llegó al Ecuador para emprender algunos negocios y cuya vida sigue siendo, aún hoy, un misterio.
Recuerdo conversaciones mantenidas con mi abuela. Su padre siempre estuvo en la punta de la lengua:  mi padre era, mi padre hacía, mi padre, mi padre, mi padre. Las cartas enuncian, en cambio, una relación casi inexistente, mirada desde hoy, pero que puede haber sido una manera de relacionarse en el pasado. Promesas de visitas, de viajes, de estar juntos finalmente. Promesas que jamás llegaron a cuajar. El caballero de industrias desaparecío en las islas canarias y lo único que siguieron recibiendo mi bisabuela y mi abuela fue un jugoso cheque de un desparecido banco francés.
Tenía 15 años cuando mi abuela me regaló las cartas. Las cartas siguen en la misma caja en que las dejé después de leerlas. Hoy en el fondo de un armario. A veces la puerta de este pequeño armario superior se entreabre y yo siento que son las cartas que quieren ser nuevamente leídas. Y en el fondo yo digo que debe ser hora de hacerlo, pero siempre desisto con excusas inventadas que me autoimpongo.
Las historias no se escriben de un momento a otro, se van cocinando, a fuego lento. Por eso cuando alguien me pregunta cuándo escribí tal o cual cosa, yo siempre digo que fue antes de que escribiera la primera palabra.
En algunas ocasiones el comienzo de una historia se detona por hechos de la vida cotidiana. Pero la historia que se cuenta no necesariamente tiene que ver con ese hecho. A lo largo de la vida vamos forjando historias, abrimos puertas y finalmente las cerramos, ya sea proque corroboramos algo que siempre habíamos intuido o porque no se puede mirar hacia el pasado.
Puedo decir, falsamente parodiando a Borges, que le debo a un beso la creación de una nueva obra. La tercera que se empezó a escribir sin que las otras dos hayan visto la luz, aunque la primera está a punto de verla. Un beso que cerró un ciclo, al menos de incertidumbres.

Friday, October 15, 2010

Versión de El horla en Guayaquil

El horla está escrito como un pequeño diario, al menos en su tercera versión, puesto que hay dos anteriores que formalmente se distancian de este relato, hasta en situaciones argumentales. Guy de Maupassant explora con este relato, Pueblo de madera y otros, la literatura fantástica, pero antes que nada, Maupassant es un escritor romántico. Su sentido del exotismo, y las primeras manifestaciones de otros estados de la consciencia son evidentes.
Poco a poco el sugestivo narrador de la historia nos confía sus miedos y sueños. Después de que observa un barco en el rio está seguro de que el navío proviene de otro mundo. Y ese otro mundo literalmente empieza a materializarse en el inconsciente.
No en vano el autor francés ha sido inspiración para el no menos célebre P.H Lovecraft.

El lunes a las 20h00, Eric Chartiot sube a las tablas para presentar su versión de El horla, para adolescentes y adultos en la Alianza Francesa

Wednesday, October 13, 2010

Matapalo cartonera presenta Bóveda 66

Matapalo Cartonera, de Riobamba,  recoge más de 12 años de labor poética de Ernesto Carrión. Bóveda 66, como se titula la obra, fue lanzada en la Feria Internacional del Libro de Lima de este año; y su presentación en Guayaquil estará a cargo de Víctor Vimos (editor) y Wladimir Zambrano (poeta)

Con esta presentación se inaugura el Primer Encuentro Latinoamericano de Cartoneras, organizado por el Ministerio de Cultura, una de las actividades de la próxima Feria del Libro de Guayaquil que se llevará a cabo desde el 21 hasta el 28 de Octubre.

Lugar: Jueves 14 de Octubre. Auditorio de la AF Principal (Hurtado 436 y José Mascote) – Entrada libre 19h00.

Las editoriales cartoneras funcionan de manera autónoma y tienen sus propias singularidades. Se caracterizan por la calidad de los libros que publican, por los formatos artesanales que emplean, por la revalorización de principios como la solidaridad, el trabajo comunitario, la búsqueda de la relativa independencia de los libros (creados siempre como objetos únicos, como una obra de arte o un amigo íntimo), y por su interés expansivo, casi dinamitero.

La experiencia de las cartoneras en América Latina, nace de la crisis financiera en Argentina, donde escritores y editores encontraron la manera, a través de materiales como el cartón reciclado, de elaborar libros de calidad literaria y bajísimo costo. Esta idea o forma de edición se propagaría por toda América llegando ahora a ser una suerte de resistencia contra las grandes editoriales, ya que no solamente se trata de un trabajo comunitario consciente (muchas veces se trabaja con niños de la calle recolectando cartón o con presos) sino que cuenta con escritores importantes editados en sus líneas. Hoy existen más de 30 cartoneras en todo el mundo. Además de que cada ejemplar de un libro cartonero es único ya que cada diseño de portada tiene un solo diseño entre pintura y collage con fotografías, recortes de diarios, etc.


Sobre el autor: Ernesto Carrión (Guayaquil, Ecuador, 1977) Premio Latinoamericano de Poesía Ciudad de Medellín 2007, Premio César Dávila Andrade 2002, Premio Jorge Carrera Andrade 2008, Finalista del II Premio Hispanoamericano Festival de la lira 2009 y Becario del Fonca y la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo 2009. Ha publicado 10 libros de poesía. Consta en antologías nacionales e internacionales.

Sobre Matapalo Cartonera: Editorial cartonera, creada hace más un año en Riobamba. Dirigida por Víctor Vimos y Gabriela Falconí, ha publicado a Jorge Enrique Adoum, Gabriela Alemán, Huilo Ruales, Mario Santiago Papasquiaro, entre otros. http://matapalocartonera.blogspot.com/





Tuesday, October 12, 2010

Hacia el sur

Un viaje al Sur basta para mirar una ciudad que se va transformando cada día. Los soportales, como decía en otro muro, la humedad del barrio del Astillero por su cercanía con el rio, le da a Guayaquil ese aroma que poco a poco ha mutado hacia una transformación que no se gestó en el tiempo sino que fue un impulso de una visión absolutamente personal sobre lo que debían ser los espacios recreativos de la ciudad.
No voy a entrar en la discusión si los nuevos malecones y parques deberían haberse hecho. Esa ya es una discusión inútil, que la verdad poco me interesa en estos días. Por ahora resumo en recrearme ante la visión de unas calles espaciosas con edificios bajos que miran al rio, en donde todavía huele a una vieja ciudad fluvial, a un puerto. Esto lo digo porque a veces me olvido de que Guayaquil es puerto y precisamente vengo a recordarlo cuando transito por la calle Chile, cuando camino por el Barrio del Centenario y avanzo, por ejemplo por la Domingo Comín hasta El Universo. En algunas calles ya están construyendo monigotes, pequeños y grandes. Todavía descoloridos esos mamotretos sin color yacen sobe las veredas apilados, sin vida.
Ya no sé si es idea mía o en el sur hay otro ritmo, con otros tiempos. Es otra ciudad que me gusta, que me recuerda por ejemplo la fábrica abandonado en donde una vez hice un corto con unos compañeros de universidad, mejor dicho, en donde jugamos a hacer un corto con unos compañeros de universidad. Ayer pasé por ahí, las puertas metálicas seguían cerradas. Ese edificio siempre pareció estar abandonado. Está exactamente igual como hace 10 años, al menos por fuera.
Tal vez vivir en el sur no sea una mala idea. Tal vez mirar desde esa latitud me devuelva algunas respuestas sobre la vida que se vive en el norte, por ejemplo.
Así que vale la pena deambular, y aunque parezca que el tiempo se está perdiendo se trata de darle la vuelta a una historia:  una historia real o de ficción que lucha por hacerse paso en este mundo gris.
Y mientras eso pasa el sur de Guayaquil se va pareciendo a la Habana Vieja, en donde no pasa el tiempo. Si viro en una esquina es posible que llegue a otro Malecón, un malecón del Caribe, muy similar al que existió alguna vez aquí.

Thursday, October 07, 2010

¿Contra todo pronóstico?

Este año, para el Nobel, sonaban los poetas. Nombres lejanos, desconocidos, pero también las listas auguraban que el ganador podría haber sido Cormac McCarthy, autor de No hay país para viejos, La carretera, y por cierto, otro extraño lobo estepario que vive totalmente alejado del ruido. La carretera es sobrecogedora, una novela hermosa en donde un mundo agonizante es el escenario por donde caminan un padre y un hijo, y los otros, esos que comen carne y que aterrorizan a la pareja.
Murakami se ubicó segundo en las apuestas, pero de un momento a otro perdió terreno frente a un Vargas Llosa que ocupaba el puesto 18, pero que desde hace años ha sido   candidato.
Cuando gana alguien que no conocemos, o compramos sus libros para saber quién es y tenemos gratas sorpresas como Coetzee, Muller, Jelinek o de repente hay otros que a pesar de ganar nunca llegan a interesarnos.
Al menos a Vargas Llosa lo tenemos publicado en nuestra propia lengua, lo leímos desde el colegio, con suerte, y lo seguimos leyendo después. Es un referente, una lectura obligada y arbitraria también. A lo largo de estos años cómo no recordar sus ensayos, sus obsesiones, sus peleas, y sobre todo, sus novelas.
A propósito de su última novela El sueño del celta que recién saldrá a la venta el 3 de noviembre, le hicieron una entrevista en El país, en ella habló del nacionalismo como la peor construcción del hombre, pero también de la obra que ha sido comparada por muchos con La fiesta del chivo, solamente que trasladada al contexto africano.
Entre otras notas hay algo que me llama profundamente la atención y es la apertura que tiene Vargas Llosa que ya ronda los 80 años a la tecnología. A continuación me remito al texto:

Literatura electrónica pasajera


"El sueño del celta es la primera novela de Mario Vargas Llosa de la nueva era... del libro electrónico.
¿Se ha atrevido el autor de Conversación en la catedral con el formato digital? "No lo he hecho. Lo he visto, sí, lo he sopesado, pero todavía no me animo, no. La lectura todavía sigue siendo mi gran placer, claro, aunque en soporte tradicional. No hay que rechazarlo de entrada. Los defensores del libro electrónico aseguran que solo es un soporte. Así como el papel es un soporte. Sin embargo, cuando yo veo lo que ha pasado con la televisión, veo que no es así, que la pantalla ejerce una influencia sobre la creación. Tiende a introducir una facilidad, a destacar por encima de todo el entretenimiento rápido, que es lo que ha pasado con la tele. Hay cosas fabulosas en ese medio, pero predomina la cosa leve, ligera, pasajera. Mucho me temo que la literatura en pantalla se convierta en eso".

¿Y qué lee Vargas Llosa?
"Leo por trabajo o por placer, y cuando leo por placer releo autores clásicos. Me da un poco de vértigo el torbellino de las novedades. Es absolutamente imposible estar al día de todos los autores jóvenes. Con todo, nada me produce tanto placer como encontrar el libro adecuado. ¿Mis últimos descubrimientos? Me fascinó El olvido que seremos, de Héctor Abad Faciolince. Muy certero. Qué bonito libro. ¡Qué fina manera de rendir un homenaje a su padre y al mismo tiempo trazar un relato de toda una época! Y recientemente descubrí a Irene Némirovsky. Es una maravilla, te impresiona cómo viviendo unas circunstancias absolutamente terribles, una judía francesa en la II Guerra Mundial, pudo escribir Suite francesa, un libro tan controlado. Tan frío, mostrado con serenidad".

Sunday, October 03, 2010

La novela como metáfora

No sorprende a nadie que una novela sea una metáfora de otra cosa. La cosa puede ser el mundo, una época, una persona, una ciudad.
Acabamos de comentar Salón de Belleza de Mario Bellatin (México, 23 de julio de 1960) como una grata experiencia. No siempre podemos decir esto sobre un libro. A veces mis expectativas no responden a la novela que he elegido y en otras ocasiones, la novela elegida, por alguna misteriosa razón no cuaja dentro del grupo. Así nos pasó hace casi un año con Memorias de Adriano, algo que podría haberme parecido sorprendente, pero resulta que en esta relectura de la novela, yo también casi caigo en el marasmo del grupo.
La novela de Bellatin se comentó después de Desgracia de Coetzee y entre otras cosas llegamos a varias conclusiones parciales, como por ejemplo que el David Lurie de la novela de J.M tenía en común una soledad buscada en la que solo repara cuando ya es tarde, al igual que el personaje central del Beauty Parlor de Bellatin, que organiza y reorganiza primero el Salón, luego el Moridero y finalmente proyecta dejar el espacio como cuando lo ha fundado.
La metáfora del salón de belleza es la de la enfermedad, una gran metáfora de la enfermedad que se desarrolla a través del paralelismo entre el salón y las peceras, entre los peces y los enfermos. 
La enfermedad física ha minado a los clientes del Moridero, pero más allá de esta enfermedad real y física, ¿cuál es la enfermedad? ¿cuándo empieza? ¿transforma al protagonista? 
Otra conclusión parcial es que pese a que la novela toca el mundo gay no se consideró una novela gay, al menos por el grupo de La casa morada. Esto ocurre porque no se sintió propagandístico el relato con el tema. Es decir, no les pareció relevante, que el personaje fuera gay aunque lo es, aunque, cuente sus amoríos, sus aventuras, la separación o distancia con la madre por serlo.  
El salón de belleza es un relato minucioso, de detalles, de descripciones que narran una vida dedicada a los placeres y a un proyecto que lo llena todo, un salón de belleza. Aunque no hay directamente una fecha que pueda ubicar totalmente en el tiempo a este relato, todo indicaría que se trata de ¿los ochentas? Podría ser, podría ser que sea en ese tiempo, o que se hable del sida, aunque nunca se mencione su nombre, porque no es necesario. Al final, en la metáfora, qué importa más. ¿El primer objeto comparado o el segundo? o, en realidad no es eso lo que importa sino lo que dice la metáfora finalmente...



Sunday, September 26, 2010

Desgracia

Hemos comentado parcialmente la novela Desgracia, y por sugerencia de un miembro del grupo de lectura de Casa Morada, durante esta semana podremos ir comentando sobre algunas situaciones de la novela de J.M.Coetzee, aquí en este blog.
Para empezar hablemos de David Lurie y de sus relaciones sentimentales. ¿Cómo se configuran sus relaciones dentro de la obra? Soraya/Lurie, Lurie/Melanie, Lurie/Lucy, Lurie/Bev. Lurie es el único personaje masculino sobresaliente, si le lo compara con Petrus. ¿Cómo es ser hombre para Lurie?

Monday, August 30, 2010

Los clubes de lectura

Cuando pienso en ellos se me vienen imágenes de círculos que se conectan. En Guayaquil y en Quito hay una larga tradición de grupos de personas que se reúnen a comentar sus lecturas. Pero no solo aquí sucede. Hay famosos programas televisivos con secciones dedicadas a los clubes de libros en donde además de comentar una novela, también se puede invitar a escritores famosos para dialogar con el público o con los oyentes en el caso del programa de radio de la BBC, que puede escucharse por internet.
Un club de libro es un espacio múltiple. De mi experiencia con el que yo tengo, puedo decir que las motivaciones de las asistentes son desde la búsqueda de un espacio grato y enriquecedor hasta verdaderas pasiones literarias. Siempre escucho decir a algunas de las mujeres que están leyendo dos o tres novelas al mismo tiempo. Es decir, son devoradoras de páginas, y probablemente lo hayan sido siempre. Entonces se aclara bastante el papel de este espacio en el que esos devoradores de páginas pueden intercambiar sus impresiones de las lecturas que hacen, y además, aprender a través de una guía que se intenta no suene a escolarización, aunque a veces se caiga en eso.
Para mí este espacio también es un sitio en el que descubro mi lugar, mi ubicación en determinado momento, y también la capacidad y multiplicidad de enfoques conque los lectores afrontan un texto literario. La literatura remueve y cuando lo hace se evidencia quiénes somos, lo que somos, lo que queremos ser, lo que somos y no hemos sido.
Acertar con las lecturas adecuadas también es un albur. En cada lista que he hecho para leer siempre está mi pequeño top ten que es absolutamente arbitrario y que impongo con la esperanza de encontrar ecos que se homologan. A veces funciona, a veces no, pero sobre todo, cuando el grupo ha entrado en confianza, acepta conocer obras que tal vez no sean de su agrado, pero que reconocen importantes.
Entro aquí a las lecturas de escritores ecuatorianos, generalmente, abandonada de los clubes y que yo creo que es importante fomentar. Tenemos que leernos a nosotros mismos, no podemos seguir repitiendo opiniones ajenas sobre libros ecuatorianos. Tenemos que tomarlos e intentar lecturas. Creo que cada vez que se abre un libro hay sorpresas gratas o ingratas como en la vida. Pero siempre, a pesar de las ingratas, hay cosas por rescatar que al paso del tiempo nos devuelven las respuestas que a lo mejor estábamos buscando, aunque de manera inconsciente, en la lectura de un libro.
El sábado pasado terminamos con el comentario de Me llamo rojo del escritor Orhan Pamuk. Gratísimo siempre porque es un espejo de una cultura tan lejana que se convierte en propia a través de lo que escribe Pamuk.
La próxima semana comentaremos la mitad de la novela de Cristina Rivera Garza, La muerte me da. Esta fue un hallazgo de la feria del libro de Guadalajara del año pasado. Rivera Garza ganó el premio Sor Juana Inés de la Cruz y publica su obra en Tusquets.

Wednesday, August 11, 2010

Usted morirá sanita...

Creo que el motivo de la enfermedad persigue a todas las personas que de alguna u otra manera están inmersas en el mundo del arte. No hablo de la enfermedad real, sino solo de ese espejismo que en algún momento nos hace pensar que la muerte está cerca o que moriremos como cualquier escritor famoso o pintor trasnochador por sus exabruptos. Y en este punto una piensa que habria que haber tenido más excesos.
Dice Stevenson que, delirante, escribió El doctor Jekyll; un siempre enfermo Flaubert produjo Madame Bovary acostado largas temporadas, o al menos levantándose para escribir la novela del siglo. Hemingway se suicidó lo que me hace pensar en una enfermedad del alma o al menos en algo parecido a una enfermedad. Muchos escritores y escritoras están en esta lista: Silvia Plath, Leopoldo María Panero, Alejandra Pizarnik, Claricce Lispector. Y hay más: Virginia Woolf, etc, etc, etc.
Entonces, cuando siento que algo en el cuerpo está absolutamente podrido, no dejo de pensar que silenciosamente algo que no conozco se acerca, hasta que una doctora dice: ¨Usted morirá sanita¨. En ese momento lo que podría ser un alivio para cualquier ser humano es la certeza de que no hay nada especial y nada distinto en nuestra constitución personal, salvo el hecho de un encantamiento con la idea de la enfermedad. Al menos, nada del tipo escritor famoso o desconocido que deja interesante obra sin publicar.

Monday, August 02, 2010

Lima ya no es gris

Aludo a una reseña que encontré navegando, sobre la obra de Guillermo Macchiavello, actor peruano, y su puesta en escena de Los condenados de Woody Allen, guión adaptado de Mateo Chiarella. Durante todo el mes de agosto se representará la obra en el Centro Cultural Los Olivares de San Isidro. Así que lo único gris en Lima es su cielo y el asfalto, por supuesto, el que vemos lejos de los circuitos turísticos.
Con ese titular que parece una metáfora esperanzadora empiezo una brevísima reseña de lo que fue un viaje que se fue forjando al calor del grupo de lectura de La casa morada y al que, alegremente, se unieron otras personas que se acoplaron de una manera inexplicable al grupo para mostrar que la vida sigue dando ciertas sorpresas y afianzando otras certezas.
Mi motivación inicial fue volver a Lima y como pretexto visitar la Feria del Libro que este año tiene -porque aún no se cierra-como invitado especial a Ecuador. En este sentido la exploración iba por el hecho de cómo esta invitación oficial se hacía realidad en otro territorio que tiene una amplia tradición literaria, en producción y en la organización de este tipo de eventos. Pero siempre hay más de una motivación, por lo tanto, poco a poco se fue desdibujando el de la Feria para darle paso al placer, por ejemplo, y a la concreción de un proyecto.
Evidentemente la feria de Lima es un acontecimiento en el que los libros son los protagonistas, además este año hubo un homenaje a Alonso Cueto, y desfilaron personajes como Vattimo, Bayly y Páz Soldán. Los ecuatorianos también desfilaron, pero ojo, algunos escritores llegaron a la Feria no como invitados oficiales de Ecuador sino porque sus editoriales extranjeras aprovecharon para presentar sus obras en el evento. Así se comprende que muchos de ellos hayan podido hacer críticas al stand ecuatoriano, que extrañamente, incluía un espacio grande para el proyecto Yasuní ITT, y convirtiera a una poeta como María Fernanda Espinoza en portavoz del proyecto. Es decir, María Fernanda es parte del gobierno de la Revolución Ciudadana, pero quienes conocemos su trabajo literario creo que podemos afirmar que antes de cualquier otra cosa ella es ( ¿o fue?) poeta.
En la Casa de la Literatura Peruana, Leonardo Valencia, habló del Síndrome de Falcón. No era la primera vez, solo que hubo una variante. Carlos Calderón Fajardo, escritor peruano que lo acompañó durante la conversación sostuvo que El síndorme de Falcón es un ensayo que debió escribir un peruano. La discusión giró en torno a lo local y lo global de cierta literatura, las apuestas de las editoriales europeas, el estigma de ser escritor y latinoamericano, las políticas editoriales europeas y la celebración de ciertas editoriales nacionales (peruanas) que le han apostado a nuevas voces. Aquí quiero apuntar el hecho de que una carrera literaria se hace a través del tiempo y del trabajo, así tenemos escritores como Miguel Chávez, por ejemplo, cuya novela acaba de ser publicada en Altazor, y que pienso leer cuando esté en las librerías ecuatorianas. Pero ¿por qué señalo este detalle? Creo yo que vale la pena reflexionar sobre lo que implica convertirse en un escritor, en la búsqueda de la fama o la notoriedad que muchas veces perjudica la obra en lugar de mostrarla por lo que es: una pieza literaria.
De la conferencia de Valencia me quedo con una reflexión política. Su cuestionamiento al manejo de la cultura oficial en una Feria del Libro como la de Lima. Y en ese momento Leonardo no ahondó en detalles, solo hizo una mención importante que permite una mirada crítica. Por esto, y otros detalles, creo que la opción de muchos escritores que estuvieron en el encuentro fue la de distanciarse de la oficialidad. El único problema es que a ojos generales quienes participaron en la Feria y eran ecuatorianos, llegaron porque el gobierno los llevó y esto no es cierto.
María Gabriela Alemán, por ejemplo, estaba en Lima porque su libro Album de Familia, un cuentario publicado por la editorial peruana Estruendo Mudo, lo presentaría durante la Feria. Claro que Gabriela es ecuatoriana, pero fue su editorial quien organizó su viaje, organizó su agenda, sus participaciones y sus entrevistas en medios. Una muestra interesante de lo que es la labor editorial de un grupo dirigido por Alvaro Lasso que va creciendo y que ha apostado también a nuevas voces literarias.
En medio de la Fil se celebraba en Perú las fiestas patrias. Dos días enteros dedicados completamente a una sobrexposición de tanques, aviones y artefactos bélicos a lo largo de la Avenida Brasil. El discurso de Alan García, el discurso del cardenal. Algo profundamente curioso que yo ya no recuerdo que ocurra acá en Ecuador. Es decir, hay desfiles pero el despliegue es mínimo y la importancia que le damos también, como debería ser. Más aún sorprendente el espacio que tiene la Iglesia en una fiesta patria. Tal vez sea una cuestión generacional porque yo no pienso en Perú como el país con el que algunas veces hemos tenido problemas limítrofes sino que pienso en Perú como un país bastante parecido al Ecuador.
En los lugares de entretenimiento siempre se hizo alusión a la fiesta patria, se repartieron banderines que seguimos usando el resto de días que caminamos por Lima. Varias veces en la televisión se hizo alusión a la guerra del Cenepa y por eso, creo yo, que alguien del grupo dijo: "¿Será mejor que hoy no salgamos?".
Finalmente llegó el último día en Lima y ese día pude conversar con Ernesto Carrión sobre su gira-estuvo en Arequipa leyendo sus poemas- y con Gabriela Alemán. Como siempre se trataba de una pequeña conversación que se convierte en horas de horas que nos depositaron en Jazz Zone, en donde el latin jazz fue cautivante y nos arrepentimos de que esa fuera la última noche. Ahí recorrimos lo que fue el viaje; la rosa náutica, el mirabus, la bistecca, rústica de Barranco, las ruinas de pachacamac, también hablamos de la feria, de sus improvisaciones, de la calidad de los eventos, de los próximos cuatro meses en que Maldito Corazón estará en México, del proyecto con el que ganó la beca, de otro posible viaje y del frio, de un frio antártico que me hizo comprar unas medias térmicas que se convirtieron en el lait motiv de un viaje que salió mucho mejor de lo que esperaba, gracias a la buena compañía y al espíritu libre que hacía que cada uno decidiera hacer lo que le viniese en gana. Eso sí, a la hora de la comida y de los piscos el grupo se volvía eso: un grupo.
Ayer me he pasado viendo las fotos que Catalina Vela subió a una página web creada por ella solo para el viaje. Creo que no podía haberme ido esta vez de Lima sin haber conocido el Cordano, en el centro histórico, un cafetín fundado en 1920 y que está exactamente igual que el día en que abrió. Ahí, la comida, las estanterías y las fotos van contando la historia de los comensales que incluyen al presidente, que de vez en cuando cruza la calle para tomarse una Minuta o una Causa. Definitivamente un lugar mágico, esplendorosamente vivo que ha logrado cautivar a quienes entran para curiosear.

Sunday, July 18, 2010

El paciente inglés


Siempre tuve una extraña atracción por esta película de Anthony Minghella. Hoy estoy segura de que se debe a los momentos y a las edades en las que se ve cierto tipo de material. Pero no es de la película que quiero comentar sino del libro, que me parece que está muy desvalorizado. Se escucha siempre eso de que mejor es la película, al menos en este caso, y creo que es una terrible apreciación, sobre todo, si se ha tenido la oportunidad de releer la novela de Ondaatje.

Primero, Michael Ondaatje (Sri Lanka) es un poeta. Esto creo que es crucial cuando intentamos adentrarnos en la narrativa de El paciente inglés. Segundo, la novela da la clave de lectura en la voz del paciente cuando le explica a Hanna que, en otras palabras, cada lectura tiene un ritmo y un tono específico. Hanna, durante su estadía en la villa Girolamo, intenta leer Kim de Rudyard Kipling. Este autor que nació en Bombay, también está considerado inglés y la obra a la que se alude es una novela de espionaje publicada en 1901. Al igual que Ondatjee,Kimpling, fue poeta. ¿Coincidencias? Lo dudo.
Hanna le lee Kim para el paciente. No es una casualidad que Kim sea un joven inglés y que nadie repare en que no es indio y que además se convierta en espía o al menos se junte con e llos. En un determinado momento consigue mapas de los rusos que muestran el trabajo de los rusos en parte del territorio dominado por los británicos y se los entrega a su maestro.
Algo similar ocurre en la versión del paciente. Lo acusan de espía y él revela que se hizo pasar por uno para salvar a la mujer que había dejado en la cueva de los nadadores.
Durante la novela, varios son los personajes que están atados por la lectura. Hanna le lee al paciente, el paciente lee a Herodoto y también lee su diario. En su diario también ha escrito Katharine.
"Léelo despacio, querida niña; a Kipling hay que leerlo despacio. Fíjate bien en dónde se encuentran las comas y descubrirás las pausas naturales. Era un autor que escribía con pluma y tintero. Como la mayoría de escritores que viven solos, levantaba con frecuencia, según tengo entendido, la vista de la página, miraba por la ventana y escuchaba los pájaros. Algunos no saben los nombres de los pájaros, pero el sí. Tus ojos son demasiado rápidos, norteamericanos. Piensa en el rítmo de su pluma. De lo contrario, parecerá un primer párrafo ampuloso y anticuado".
Tres. El paciente inglés es una novela que hay que masticar mucho, y luego, mucho después, digerir. Las alusiones culturales al mundo del desierto son extensas y precisas. No conozco otra novela que hable del mundo del desierto, de la gente que lo habita. Todo esto a través de su geografía. No es casual que los amigos de Almasy sean cartógrafos, exploradores de la Real Sociedad de Londres.
Cuatro. La guerra como telón de fondo de esta novela permite comprender cómo 4 desconocidos llegan a vivir en comunidad en una casa en ruinas, y luego , cuando sus indentidades se han cohesionado, aparentemente, se separen para ahora sí vivir sus vidas.
La vida no tiene un sentido aparente durante la guerra: hay relaciones momentáneas, esporádicas, instantes. ¿Pra qué avanzar?
Hanna se queda en la villa San Girolamo porque no tiene sentido volver atrás o irse a otro lugar. Aunque la guerra está terminando hay una sensación de vacío que no permite a los pesonajes desplazarse físicamente. El desplazamiento se da en el interior. Van mutando, transformándose. Posiblemente las palabras los transformen.
"Julio de 1936.
En la guerra hay traiciones que, comparadas con nuestras traiciones humanas en época de paz, resultan infantiles. El nuevo amor irrumpe en los hábitos del otro. Todo queda destruido y se ve desde una nueva perspectiva. Para ello se recurre a frases nerviosas o tiernas, aunque el corazón es un órgano de fuego.
Una historia de amor no versa sobre aquellos cuyos corazones se extravían, sino sobre quienes tropiezan con ese hosco personaje interior y comprenden que el cuerpo no puede engañar a nadie ni nada: ni la sabiduría del sueño ni el hábito de la cortesía. Es un consumirse de uno mismo y del pasado".

Sunday, July 04, 2010

¿Feria del libro?


No quiero ahondar en lo que es una realidad. Cada año que pasa, una iniciativa interesante y necesaria como la feria del libro de Guayaquil, se desvirtúa más. Si el año pasado la mezcla de eventos, música y ruidos era un horror, este año que no hayan libros no debe llamarnos la atención.


Ayer, de casualidad, visité la feria. Una feria de libros sin libros no es pobre, es una ofensa. Ni Librimundi, ni Mr Books, ni Studium ni Planeta están. Solamente Librería Vida Nueva tiene un stand grande. Norma ocupa uno de 3 por 5 metros, y lo que más me llama la atención son los espacios contratados y vacíos. La Asociación de Periodistas tiene uno, el Ministerio de Educación uno enorme. Entre los inciensos y las ofertas de teléfonos y planes de celulares, se yergue, eso sí, el Mantecado Taylor. Bien decía Carlein, el año pasado, que este era el highlight del evento, y sigue siéndolo. Por supuesto me comí uno, pero no Taylor, si vuelvo me comeré el mero mero Taylor.


El Sinab tiene un pabellón enorme en la Urna Norte en donde hay afiches de ilustradores ecuatorianos. Yo me pregunto por qué no se les ocurrió siquiera venderlos, o tener los libros en los que aparecen estas ilustraciones para comprarlos. Pero no, no puedo pedir más de una institución que lleva más de 20 años con la misma representante, y que no tiene un solo espacio verdaderamente acorde con lo que promete ser la institución. Por Dios, es el Sistema Nacional de Bibliotecas, ni más ni menos.


Lo mismo puedo decir del stand del Ministerio de Educación, que con tantas reformas y programas novedosos, lo mínimo que podría hacer es colocar la información, dar información, etc, y el de los periodistas pues ni les cuento. Yo que he ejercido la profesión no sé para qué funciona una asociación de periodistas...


Creo que el único stand que vale la pena es el de la Campaña Nacional de Lectura, Eugenio Espejo, porque tiene ediciones aceptables a solo 3 y 5 dólares. Ahí tienen el libro nuevo de Velasco, que vuelve más tatuado que nunca.


Es una lástima, es una pena que los organizadores de este evento piensen solo en vender los espacios a cualquiera. Hace falta replantear qué es lo que se quiere lograr con esta Feria que ya no puede llamarse feria del libro, que ya no puede ofrecerles a los escritores locales sus espacios para presentar libros. Seguro muchos de ellos piensan que presentan sus obras ahí porque algo es peor que nada. Esto no puede ser. En el momento en que cada uno de ellos diga No, hasta aquí llego, en ese momento los organizadores dirán: "¡Ostia!, ahora sí nos toca desfacer los entuertos!".


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El jueves 8 de julio volveré, solamente porque Hembra Dragón, presentará sus Balas Perdidas, solamente porque una persona que trabaja para promover sus obras con una continuidad, a veces insostenible, merece el apoyo de quienes la apreciamos como escritora, y creemos en una carrera literaria construida a lo largo de todos estos años. Pero al menos algunas de esas Balas Perdidas debería tener un destinatario seguro. Yo me deleito pensando que ese día Solange hará una de sus apariciones performáticas y sacará un revolver y dará en el blanco.